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La obesidad clínica severa o mórbida es una enfermedad caracterizada por el exceso de depósito de grasa corporal, perenne, progresiva, costosa y a la que se añaden otras patologías (llamadas co-morbilidades) graves como la hipertensión, diabetes, colesterol alto, enfermedad cardiaca y coronaria, enfermedades de la vesícula biliar, apnea del sueño, artritis, varices, síndrome posflebítico con úlceras en las piernas que acortan la vida de los pacientes que la sufren y además le producen una grave afectación psicológica.
La obesidad se correlaciona muy bien con el I.M.C. (Índice de Masa Corporal). La obesidad grave está relacionada con una mortalidad temprana elevada. Los obesos de ambos sexos, especialmente los jóvenes, mueren mucho antes que los delgados de su misma edad. Un estudio sueco (SOS) ha mostrado que en 2000 pacientes obesos, la mortalidad de los operados de obesidad bajo a 3 mientras que los que siguieron tratamiento médico con dietas la mortalidad fue de 27. La mortalidad aumentó nueve veces. En un estudio sobre 115.886 enfermeras (The Nurses Health Study) se encontró una asociación grave entre la obesidad (IMC) y la enfermedad cardiaca que subía al doble desde IMC de 21 a un IMC de 29. En el libro Guinnes de los récord de los individuos más obesos del mundo, ninguno llegó a los 40 años. El riesgo de mortalidad revierte a niveles normales si el individuo operado vuelve a un peso normal. El riesgo de padecer diabetes del adulto (NIDA) aumenta 10 veces con una obesidad moderada y mucho más con la obesidad severa. El riesgo de muerte por cáncer en mujeres obesas aumenta 5.4 por cáncer de endometrio, 3.6 de vesícula, 2.4 de cuello de útero, 1.6 de ovarios, 1.5 de mama. En los hombres severamente obesos aumenta 1.7 el cáncer de colon y 1.7 el de próstata. El paciente severamente obeso sufre discriminación y falta de respeto, incluso por los mismos ¡profesionales de la medicina!. Las aptitudes negativas llevan a tildarlos de feos, torpes, abandonados, con falta de voluntad o incluso inmorales. Este prejuicio es tan intenso que cruza las barreras de edad, religión, razas y estado socio-económico. El paciente obeso sufre un estrés social, pues le ataca con un estigma a veces intolerable, que le produce alteraciones psicológicas, ansiedad y le lleva incluso a tomar drogas. El obeso mórbido está más discriminado y con un mayor hándicap que el sordo, disléxico, ciego, alcohólico o con enfermedad del SIDA. |